Pintura

La pintura presenta una problemática distinta a la de otros medios. Sin embargo, como hemos señalado en la conclusión del blog, el denominador común entre todas las prácticas sigue siendo el modo en que la mirada se transforma, en cómo la idea logra hacerse materia, ya sea en el plano o en el espacio.

En nuestro trabajo pictórico, el color y el proceso mismo de pintar se manifiestan de otra manera, pero la inquietud que subyace a la forma y a la materia continúa siendo la problemática y vicisitudes del sujeto contemporáneo.

Ya no nos movilizan los universales históricos —la belleza inquebrantable, la técnica como valor absoluto, la manifestación nouménica de la obra o la originalidad de un artista irrepetible—, sino otros impulsos: la deconstrucción, la relectura, la descontextualización, la permutación, la supresión y la adición, el juego retórico, la representación del tiempo o del propio proceso pictórico mediante la línea.

El color, que en un principio ocupaba un espacio simbólico y expresivo esencial, ha ido cediendo lugar a la línea, que se revela como el vehículo más adecuado para este tránsito en el que aún nos encontramos. Un desplazamiento que, curiosamente, se invierte en la escultura: allí donde la forma tridimensional monocroma parecía contenerlo todo, ahora el color irrumpe para expandir su sentido y su respiración.